Aspirantes a estrellas: Ya tengo trabajo… por los pelos
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Muy a mi pesar tengo que decir que nuestros dos primeros días en Nueva York han sido un absoluto desastre, comenzaré contando los hechos que acaecieron desde el día en que comencé a contarles nuestras desventuras.
Noche del jueves: Tuve que llevar a Chloe a regañadientes a cenar a una pizzería (tenemos que ahorrar) y después a una disco en Manhattan donde nos dejaron entrar por pena, creo yo.
Bien es cierto que mi amiga estaba hecha polvo después de haber limpiado concienzudamente nuestro apartamento. Como es tan obsesiva, utilizó un cepillo de dientes para limpiar bien el suelo y ambas descubrimos que el piso de nuestro apartamento es de tarima, muy vieja, eso sí.
Cuando llegamos a la disco, a Chloe se le cerraban los ojos del sueño y la pobre tenía una mala digestión por el pepperoni de la pizza Vulcano que se comió ella sola. Quizá por eso ningún hombre se le acercaba, AHORA LO ENTIENDO. Entre amigas esas cosas no importan pero la verdad es que si abría la boca descubrías inmediatamente lo que había en su estómago, vamos, que le cantaba el aliento a pepperoni que era un horror.
Frustrada por no atraer a ningún hombre, con el sueño acumulado y dos cervezas, mi amiga acabó durmiéndose en la barra de la disco, pese a que el ruido era estruendoso y para hablar tenías que hacer señas. Yo conocí a un chico muy majo que es chef en un restaurante de nueva cocina pero tuve que despedirme de él cuando vi a Chloe apoyada en la barra, chupándose el pulgar y agarrando un bol de cacahuetes como si fuera su peluche.
Viernes: Teníamos una entrevista de trabajo en un restaurante francés de Manhattan para comenzar a ganar un sueldo como camareras. Pues bien, la entrevista fue penosa, pero gracias a la sutileza de Chloe, nos contrataron. El que ya es nuestro jefe nos pidió que sirviéramos una mesa para demostrar nuestras habilidades y Chloe lo hizo a la perfección sirviendo a un matrimonio nonagenario pero yo tuve que vérmelas con una joven parejita de snobs parecidos a los Beckham a los que tuve que poner en su sitio, pues tengo poca paciencia… en fin, lo reproduzco para que juzguen ustedes mismos.
Yo: Bienvenidos a Chateu D’or- les entrego las cartas- ¿Desean tomar algo mientras eligen lo que van a comer?
La snob: Yo quiero un martini, pero asegúrese de que la oliva está bien madurita porque la última vez estaba flácida.
Yo: Sí, señora, me aseguraré de que la oliva está madura. ¿Y usted qué va a tomar?- le pregunto al snob.
El snob: Ehh no sé. Creo que tomaré una copa de Jerez.
La snob: Ayyy cariño, ¿pero cómo vas a tomar algo así en este restaurante? Por favor, una bebida inglesa ¿a quién se le ocurre?
Yo: Señora, con todos mis respetos, el Jerez es español aunque los ingleses se lo vendan como inglés.
La snob: Oh ¿Estás segura?
Yo: Muy segura, señora. Yo soy española, como el vino que se quiere beber su esposo.
La snob: Ah, qué gracioso.
Yo: ¿Gracioso?
La snob: Sí, una española sirviendo en un restaurante francés…
Yo: Señora, España y Francia están separadas por los Pirineos, no es tan raro.
La snob: ¿Y los Pirineos esos son problemáticos?
Yo: Son montañas. Lo problemático sería recorrerlas a pie.
La snob: Ahhhh qué graciosa es esta chica ¿verdad Paul? Espera un momento… ¿España y Francia están separadas por montañas? ¿España no es una isla del mediterráneo?
Yo: Sí, efectivamente. España está al oeste de Francia, al este de Portugal, al sur de Inglaterra y al norte de Marruecos. Y no es una isla, es una península, pero también tiene islas, concretamente las Canarias y las Baleares, donde acuden todos los europeos a tomar el sol a ponerse borrachos y a divertirse comiendo paella y ensaimada. ¿Va a tomar el señor el Jerez?-pregunto ya con irritación contenida.
El snob: Sí, definitivamente sí- hace un gesto de torero- Oleeeeee
La snob: Yo también tomaré uno. Ay Paul me han entrado ganas de ir a España y bailar flamenco, ver los toros y tomar el sol. ¿Oye chica, los toros a que hora los sacan?- me pregunta.
Yo: ¿Cómo dice señora?
La snob: Que a qué hora sacan a los toros a la calle
Yo: Uy a todas horas-respondo ya con mala leche- Las veinticuatro horas del día, siete días a la semana ves cuernos por la calle.
El snob: ¡Qué peligro! ¿Vuestro general no lo prohíbe?- pregunta él. Ya no me pude contener…
Yo: Señor, yo que usted leería más libros de Historia o Geografia y vería menos películas de Antonio Banderas. Para su información, tenemos un presidente, un Rey, tenemos mp3, televisiones, ordenadores, Internet, un congreso, un senado y muy poca paciencia. Y en cuanto a los toros ya debe ser usted un experto en cuernos por lo que no tiene que ir a España para verlos.
Mi jefe estuvo a punto de no darme el trabajo por no ser “cordial” con los clientes. ¿Cordial? Me hubiera gustado arrastrar a la parejita de las orejas y meterles el jerez… bueno, eso.
Menos mal que Chloe consiguió que me contrataran. Eso sí, ella atiende a los clientes y yo estoy en la entrada, asignando mesas.
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Volver a la página principalThis entry was posted on Saturday, June 21st, 2008 at 20:37 and is filed under Blognovela. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.









