
Ayer viernes Telecinco ofreció en Prime Time el debate final de la décima edición de Gran Hermano. Gala a gala hemos ido comprobando la involución de algunos concursantes y la evolución de otros.
La estrella de la noche fue indudablemente, Iván Madrazo, merecido ganador de Gran Hermano 10. El cántabro demostró que la mejor arma para combatir es la palabra y no el insulto ni la vulgaridad. Iván es un Señor, le pese a quien le pese. Y es capaz de pedir perdón, de rebatir a quienes le critican si argumentos y de emocionarse cuando alguien le demuestra su afecto.
Si por algo se ha caracterizado esta edición del famoso reality es por el movimiento que ha generado en Internet. Esta ha sido pues, para alegría de la cadena de Fuencarral, una de las ediciones más vistas, comentadas y que más pasiones ha despertado.
Durante tres horas en las que se tocaron diferentes temas, quedó una cosa clara: Que los perdedores no son quienes pierden, sino quienes no saben perder. Por tanto, habría que calificar de perdedores a Gemma, Mirentxu, Julito, Nani, Loli, Carlos H y Carlitos.
Estamos de acuerdo en que éste es un concurso de convivencia. Pero es también un concurso ideado para entretener a la audiencia, un Reality Show, como bien dijo Almudena. Y precisamente han sido ella e Iván quienes nos han proporcionado los mejores momentos y nos han hecho reír. Han dado juego en la casa, han discutido, han vivido la experiencia plenamente y han sido ellos mismos, con sus virtudes y defectos… cosa que otros muchos no pueden decir.
Aunque reconozco que Orlando es guapo, tengo que decir que me parece de lo más soso que ha pasado por el programa y mi opinión (tan válida como la de cualquier otra persona) es que ha llegado a la final por no “mojarse”. Chiqui debería haber sido la segunda finalista, a pesar de sus maneras y de sus enfados, defecto que ella misma reconoce.
Mención aparte merece Mirentxu, “La yaya” de esta edición, que no se ha salido con la suya y ha sido incapaz de engañar a un público al que creía tonto. La donostiarra pretendió desde el principio ganarse la simpatía de los espectadores con su papel de abuelita moderna y quiso manipular a los concursantes. Tras su salida de la casa, la abuelita hizo todo lo posible por arruinar la imagen de Iván, manteniendo la esperanza de que sus discípulos (Julito y el ambiguo Palomares) pudieran ser ganadores.
Nada le salió bien a “la yaya” y, demostrando que en su caso la edad no es sinónimo ni de sabiduría ni de madurez, se enfurruñó como una niña cuando Mercedes Milá la desarmó completamente en varias galas y la dio la puntilla en el debate final, echando por tierra todas sus artimañas. Mercedes intentó, con elegancia, que la abuelita se sintiera bien cuando le ofreció un vídeo con sus mejores momentos dentro de la casa, pero la maquiavélica “yaya” tenía pensado su segundo asalto: Intentar hacer creer a la audiencia que todo ha sido “un timo”.Eso es lo que dijo cuando Iván ganó el concurso


Si hubiera que elaborar un ránking de los personajes más indeseables de esta edición de Gran Hermano, el segundo puesto sería ocupado por Julito “el de siempre, el de casa”. El canario, envenenado y abducido (como diría mi compañera Solange) por la abuelita, demostró ser un vulgar niñato, machista y retorcido. Su estrategia para ganar el concurso fue limpiar y esconderse bajo la careta de un inocente niño de mamá, quizá recordando a otros ganadores que hicieron lo mismo (es cierto que algunos ganadores de Gran Hermano se ganaron el apoyo del público gracias a su capacidad para pasar inadvertidos y sus dones en el cuidado de la casa, pero fue porque en esas ediciones, el resto de concursantes era patético).

Julito entró con una idea equivocada, con un disfraz que no le sirvió de nada porque en esta décima edición sus compañeros han dado juego. Y cuando salió de la casa y se quitó el disfraz, lo más fácil y cobarde fue atacar desde fuera a una mujer que no le ha permitido ponerle la mano en el trasero.
Mercedes Milá estuvo soberbia cuando le dejó claro que su actitud era machista, cobarde y de poco hombre. Disfruté como nunca cuando el canario se quedó sin argumentos y quedó como un imbécil, porque eso es lo que es.

Los espectadores pedían a través de los mensajes SMS mostrados en pantalla, que se hablara de la relación entre Nani y Orlando. Ambos dejaron claro que lo suyo fue un simple “rollo” y que son amigos, pero la madrileña estaba visiblemente afectada porque Orlando ya sabe lo que hubo entre ella y el amigo de Iván. Siempre he creído que Nani y Loli eran las dos brujas de esta edición pero ayer todos vimos como Nani cedía ante las disculpas y explicaciones de quienes han discutido con ella, quedando Loli la tercera en el ránking de impresentables. Tiene labia la granadina, se sabe defender, pero es manipuladora y ni su físico ni su actitud de chica plantada en el altar consiguieron llevarla a la final.

Y, como no, la gran estrella de esta y de otras tantas ediciones de Gran Hermano es la incombustible Mercedes Milá. Fresca, impredecible, ingeniosa, segura de sí misma, con un carácter y una fuerza envidiables, Telecinco puede sentirse orgulloso de contar con una profesional como ella entre sus filas. Mercedes tiene la capacidad de tratar temas serios, de denunciar situaciones aberrantes en el programa “Diario de” y puede también hacernos reír y disfrutar en “Gran Hermano”.
Uno de los mensajes SMS que se mostraron en pantalla decía algo así como “Mercedes, eres mejor que Oprah Winfrey”. Estoy completamente de acuerdo. Es más, ya quisiera la famosa presentadora norteamericana (convertida en uno de los personajes más poderosos del show business) tener el valor, la frescura y la ductilidad de Mercedes, que es capaz de recorrerse el mundo acompañada de una cámara para mostrarnos la cruda realidad que ignoramos y puede igualmente hacernos reír con sus ocurrencias.
Fuente fotos: Telecinco.es